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Pregunta: “�Ser� que la atracci�n por el mismo sexo es un pecado?”

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Pregunta: “�Ser� que la atracci�n por el mismo sexo es un pecado?”

Respuesta:
En Mateo 5:27-28, Jes�s compara la lujuria con el adulterio. Esto establece un principio b�blico: si es pecado hacer algo, tambi�n es pecado desear hacerlo. La Biblia establece claramente que la homosexualidad es un pecado (Lev�tico 18:22; 20:13; Romanos 1:26-27; 1 Corintios 6:9). Por lo tanto, tambi�n es pecaminoso desear cometer actos homosexuales. �Significa esto que la atracci�n por el mismo sexo es un pecado? Para responder a esto, debemos distinguir entre el pecado activo y la condici�n pasiva de ser tentado.

Ser tentado no es un pecado. Jes�s fue tentado, pero no pec� (Mateo 4:1; Hebreos 4:15). Eva fue tentada en el jard�n, y definitivamente encontr� que el fruto prohibido era atractivo, pero parece que no pec� realmente hasta que tom� el fruto y lo comi� (G�nesis 3:6-7). Una lucha contra la tentaci�n puede llevar al pecado, pero la lucha no es un pecado en s� misma.

La lujuria heterosexual es un pecado (Mateo 5:27-28), pero la atracci�n heterosexual no es un pecado. Es normal y natural que los hombres se sientan atra�dos por las mujeres, y viceversa. No hay absolutamente nada malo en que las personas encuentren atractivo al sexo opuesto. S�lo se convierte en pecado si esa atracci�n se convierte en lujuria. Una vez que la atracci�n se convierte en un deseo de hacer algo sexualmente inmoral, se ha convertido en pecado en el coraz�n.

La homosexualidad es diferente. El comportamiento homosexual en cualquier contexto es una acci�n que la Biblia proh�be. Pero, dejando de lado el comportamiento, �es pecaminosa la atracci�n por el mismo sexo? En t�rminos generales, cualquier deseo de algo que Dios ha prohibido es el resultado del pecado, de esta manera: el pecado ha infectado tanto al mundo y a nuestras naturalezas que lo que es malo con frecuencia nos parece bueno. Estamos infectados por el pecado, y el pecado nos hace tener pensamientos, inclinaciones y deseos deformados y retorcidos. Somos pecadores por naturaleza (Romanos 5:12). Los sentimientos de atracci�n por el mismo sexo, en s�, no son siempre un pecado activo y voluntario, sino que siguen estando arraigados en la naturaleza ca�da. La atracci�n por el mismo sexo es, en cierto nivel, una expresi�n de la naturaleza pecaminosa.

El pastor y te�logo John Piper tiene algunas palabras acertadas sobre el tema de la atracci�n por el mismo sexo: “Ser�a correcto decir que los deseos del mismo sexo son pecaminosos en el sentido de que est�n trastornados por el pecado y que existen en contra de la voluntad revelada de Dios. Sin embargo, el hecho de que hayan sido causados por el pecado y est�n arraigados en �l no hace que un deseo pecaminoso equivalga a pecar. Pecar es lo que sucede cuando se expresa la rebeli�n contra Dios a trav�s de nuestros des�rdenes” (del serm�n “Que el matrimonio sea honrado”, 16 de junio de 2012).

Un momento pasajero de atracci�n por el mismo sexo, aunque se repita a menudo, es mejor catalogarlo como una tentaci�n, no como un pecado. Ahora bien, si se permite que ese momento espont�neo y fugaz se convierta en algo m�s -la tentaci�n pasajera se convierte en una intenci�n lujuriosa-, entonces se ha convertido en un pecado. �En qu� momento la tentaci�n se convierte en un pecado en el coraz�n? Por decirlo de otro modo, �cu�nto tiempo podemos mantener una tentaci�n antes de que se convierta en un pensamiento malo? Es imposible responder con exactitud. Lo que s� sabemos es que todos debemos ser transformados mediante la renovaci�n de nuestra mente (Romanos 12:2) y “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).

A causa de la naturaleza pecaminosa que posee la humanidad, la atracci�n por el mismo sexo puede resultar “natural” para algunos, pero es absurdo decir que el pecado, si es “natural”, hay que aceptarlo. �Es correcto que una persona con cierta inclinaci�n a la ira arremeta con furia contra los dem�s? �Es correcto que un clept�mano robe? �Es correcto que un marido cometa adulterio simplemente porque un fuerte impulso sexual forma parte de su naturaleza? Por supuesto que no. Las personas no siempre pueden controlar c�mo o qu� sienten, pero pueden controlar lo que hacen con esos sentimientos (1 Pedro 1:5-8). Y todos tenemos la responsabilidad de resistir la tentaci�n (Efesios 6:13).

Los hijos de Dios deben pensar y actuar de forma diferente al mundo. Muchos en el mundo aceptan la atracci�n por el mismo sexo y la homosexualidad como una norma social, aunque las normas de vida de un cristiano deben provenir de la Biblia, no de la sabidur�a convencional (2 Timoteo 3:16-17). Vivimos en el mundo, y por eso experimentamos tentaciones todos los d�as. Tenemos naturalezas ca�das y pecaminosas, y por eso luchamos contra los deseos imp�os. Algunos cristianos luchan contra la tentaci�n de actuar por la atracci�n hacia el mismo sexo. La buena noticia es que la victoria es posible. “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).

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